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Entrevista
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NOV 14, 2010 Sebastián Piñera
Presidente de Chile
una nueva cultura de la
Innovación y el Emprendimiento


 

A punto de cumplir 61 años, Piñera exhibe un despliegue de energía apabullante. "Duermo poco; cada día me levanto más temprano y me acuesto más tarde".

El millonario empresario, que en marzo de 2010 asumió la presidencia, nació en Santiago el 1 de diciembre de 1949.

Está casado con Cecilia Morel, con quien tiene cuatro hijos y cuatro nietos.

Antes de dedicarse a la política fue representante de Apple y participó como accionista en Lan Chile, Chilevisión y Colo Colo.

 

SANTIAGO DE CHILE | EL PAÍS DE MADRID

 

A un mes del rescate de los 33 mineros, Sebastián Piñera goza en las encuestas de un 63% de apoyo, 10 puntos más que en octubre.

Tras este milagro y el terremoto de febrero, el mandatario reflexiona sobre lo aprendido: "hay que decidir rápido".

 

¿Cómo amanece hoy un presidente que tiene este respaldo?

Mire, contento. Agradecido. Pero, sobre todo, más motivado, más entusiasmado y más comprometido que nunca con el proyecto de país que estamos llevando adelante. Nos planteamos metas muy ambiciosas, muy exigentes, pero totalmente factibles: lograr que Chile, antes de que termine esta década, en 2020, sea un país desarrollado, un país sin pobreza, capaz de crear oportunidades para todos sus hijos. Y para eso planteamos un programa de gobierno con siete ejes. Recuperar la capacidad de crecer, la de crear trabajo. Las habíamos perdido. Hacer las grandes reformas estructurales para mejorar de verdad en las clases, en los hospitales; empezar a ganarle la batalla a la delincuencia y al narcotráfico; derrotar la pobreza extrema y rejuvenecer el sistema democrático. Y en medio se nos vino el quinto peor terremoto en la historia, 11 días antes de asumir, y muchos maremotos que destruyeron mucha infraestructura.

 

Y con todo esto, el arranque...

El balance es muy favorable. El país crece a más del 6%...

 

Cinco meses seguidos. Y...

Vamos a crear este año cerca de 300.000 empleos; la meta de un millón se ve más cerca que nunca. Las reformas profundas en educación y salud que llevaban 20 años dormidas despertaron y están en ejecución. Hemos logrado los primeros avances contra la delincuencia y la droga; vamos a poner en marcha un poderoso programa de lucha contra la pobreza y están los proyectos de ley para rejuvenecer nuestra democracia: inscripción automática, voto voluntario, voto en el extranjero, primarias... Estamos cumpliendo; es muy importante que los políticos entiendan que uno tiene que cumplir lo que promete y que no debe prometer lo que no puede cumplir.

 

La eficacia demostrada en el rescate de los mineros debería aplicarse a la reconstrucción, se escucha decir.

Usted sabe que siempre es más fácil hablar que hacer. Yo le podría entregar un balance de lo que se ha avanzado, pero le voy a decir lo siguiente: en Chile se destruyó una de cada tres escuelas: todos los niños, en 45 días, estaban de vuelta a clase en todo tipo de aulas, y van a estar reconstruidas la mitad de las escuelas antes de cumplir un año del terremoto. Perdimos uno de cada tres hospitales: y el sistema se normalizó con hospitales de campaña y estamos construyendo 12 nuevos hospitales. En infraestructuras, se destruyeron más de 200 puentes, miles de kilómetros de carreteras, daños en puertos, aeropuertos... Todo está funcionando hoy. Es natural que la gente quiera que las soluciones sean ya, pero fue el peor desastre destructivo de la historia de Chile, y es imposible borrar sus efectos por arte de magia.

 

¿Cómo se planteó la estrategia del rescate de los mineros atrapados?

Bueno, fueron 70 días que se vivieron con mucha emoción. Era un problema en el alma y en el corazón personal de cada uno de los chilenos. Lo primero fue la misma noche del accidente, cuando decidimos -a pesar de los consejos de mantenernos lejos, porque iba a acabar en tragedia- asumir la responsabilidad. Y cuando nos reunimos con los familiares, en la mina, dos días después, hicimos un compromiso del alma con ellos, y casi recuerdo las palabras textuales: los vamos a buscar como si fueran nuestros hijos. Hasta el fin del mundo, hasta el fin de los tiempos. Los vamos a encontrar y los vamos a rescatar con la ayuda de todas las tecnologías y de todo lo que podamos recibir. Y ese compromiso se cumplió, pero los primeros 17 días fueron de mucha angustia. Nadie sabía dónde estaban, o si estaban vivos o muertos.

 

¿Cuál era su obsesión en aquellos momentos?

El llegar tarde. Muchas veces, en accidentes como estos, al poco se decide poner 33 cruces en la cumbre del cerro y olvidarse de los mineros. Y eso no lo íbamos a hacer. Los íbamos a buscar como si fueran nuestros hijos. El temor era no perder un minuto.

 

Una carrera contra el reloj...

Hace unos días, conversé con el presidente Rafael Correa, de Ecuador, y me contó que ellos tuvieron un accidente minero y que llegaron dos horas tarde. Cuando llegaron habían muerto. Yo siempre me decía, y lo preguntaba un millón de veces: ¿qué más podemos hacer, a quién más podemos pedir ayuda, qué nueva maquinaria...? Y por eso, cuando los encontramos, ya estaba diseñado el plan de rescate, y cuando me preguntaron cuál de las tres tecnologías vamos a usar yo dije: todas las disponibles. Alguna puede fallar, pero nosotros no podemos fallar.

 

¿Y qué ha aprendido de Chile, de usted mismo, que no sabía antes?

Fue una historia que tuvo mucho de tragedia, de angustia, de esperanza... que terminó en una explosión de alegría, de lágrimas, pero de lágrimas de emoción. ¿Las lecciones que uno aprende? Hay que tomar las decisiones muy rápido. No hay que perder un segundo. Si uno se compromete, hay que comprometerse en cuerpo y alma. Y hay que buscar ayuda en todos los lugares del mundo donde pueda estar.

 

¿Estudió casos similares?

Recordé en esos días el tiempo que perdió EE.UU. con el huracán Katrina; recordaba cómo los rusos nunca pidieron ayuda a ingleses o americanos para rescatar a los que estaban hundidos en un submarino (el Kursk, en 2000). Aquí, desde el primer instante, desde la primera cuantificación que tuvimos, ahí decidimos: como la empresa privada dueña de la mina era absolutamente incapaz de enfrentar el rescate, era muy fácil: o lo hacía el Gobierno o no lo hacía nadie. Decidimos hacerlo nosotros, e inmediatamente nos pusimos manos a la obra. La reunión con los familiares, el compromiso, el encuentro con las grandes empresas mineras, los ingenieros y expertos; llamé personalmente a muchos presidentes de países con gran experiencia en minería, y enseguida el proceso estaba en marcha. No perdimos el tiempo, y tampoco perdimos la fe. Y segundo, el país actuó en forma unida. Porque la unidad, la fe y el compromiso fueron las tres claves que nos permitieron transformar una tragedia en una bendición.

 

Antes citó sus grandes apuestas estratégicas. Para todo eso hacen falta más de tres años y medio, y en Chile no hay reelección presidencial. ¿Qué proyecto político tiene en la cabeza? ¿Quiere transformar el centro-derecha chileno?

Mire, el origen de los conceptos de izquierda y derecha se ha diluido en el tiempo. Nace con la Revolución Francesa: a la izquierda se sentaron los que le querían cortar la cabeza al rey y a la derecha, los que querían restaurar al rey en el trono. Nosotros no queremos cortarle la cabeza a nadie ni restaurar a ningún rey. ¿Qué queremos? Que el centro-derecha sea fiel a sus convicciones profundas: un compromiso con los tres pilares básicos: primero, un sistema político estable con una democracia de verdad, con Estado de derecho, alternancia en el poder, respeto a los derechos humanos, libertad de expresión. Segundo, una economía de mercado, libre, abierta, competitiva, integrada en el mundo; y tercero, un sistema social en el que el Estado asegure a todos un mínimo consistente con la dignidad humana, y por tanto, que sea el más poderoso aliado en la lucha contra la pobreza y desigualdades.

 

¿Y algo más?

Sí, con eso no basta. Porque en esta sociedad del conocimiento hay que construir cuatro pilares adicionales: una revolución en la calidad del recurso humano, en educación y capacitación; una revolución en inversiones en ciencia y tecnología; una nueva cultura de la innovación y el emprendimiento, y una sociedad flexible para que se pueda adecuar al cambio, que es lo único constante en los tiempos modernos.

 

Para esta derecha, que usted quiere modernizadora, ¿sirve el mapa político que tienen?

(Pasan cuatro segundos. Muchísimo tiempo para Piñera, que ganó (51,61%) las elecciones de 2009 al frente de una Alianza por Chile en la que abanderó a la derecha; que votó no en el plebiscito continuista de Pinochet de 1988 y cuyo padre fue fundador del partido democristiano).

El centro-derecha en Chile estuvo 20 años en la oposición. Muchos creyeron que nos íbamos a morir allí, pero nunca perdimos la fe en nuestras convicciones: un concepto integral de la libertad en lo político -la democracia-, en lo económico -la economía social de mercado- y en lo social -la igualdad de oportunidades-. Y hemos demostrado que el mito de que Chile era un país culturalmente de centro-izquierda no era verdad. Hoy tenemos un apoyo que se acerca a dos tercios de los chilenos. Estamos construyendo una nueva derecha en nuestro país, muy alejada de los totalitarismos y de los atropellos a los derechos humanos, y muy comprometida con la libertad y con el futuro.

 

Las políticas nuevas piden liderazgos nuevos. Y los líderes en Europa y América no pasan por sus mejores momentos. Usted acaba de estar con Steve Jobs, el fundador de Apple.

Siempre hay que renovar políticas y liderazgos; el que no lo hace se queda atrás y queda sobrepasado por un mundo en constante avance. Yo admiro mucho a Steve; su historia es inspiradora y ha revolucionado muchas industrias: la de la computación, claro, pero también la de la educación, la de las comunicaciones, la de la gráfica, ahora la de la prensa... Hace algunas semanas me invitó a su casa y conversamos mucho. Él ha estado muy cerca de la muerte, con cáncer y un trasplante de hígado. Y sentí que esa cercanía también lo aproximó más a la sabiduría. Me impresionó mucho su visión, su concepción del mundo.

 

¿Y en la política global?

Hay líderes que yo admiro. Aprecio la capacidad de un David Cameron de haber renovado el partido conservador, que era antiguo, tradicional, y hacer algo nuevo, fresco... Por eso ganó las elecciones. Admiro el coraje de un Nicolas Sarkozy, capaz de desafiar tantos mitos de la cultura francesa, aunque hoy está pasando momentos difíciles. Admiro la tenacidad y el temple de Angela Merkel.

Lento avance de la reconstrucción en el sur

A nueve meses del terremoto, en Talca, Concepción, Constitución y Talcahuano ya no se respira el polvo, el comercio se levanta a través de galpones, los sitios descampados reemplazaron las construcciones de adobe y las calles, cuyo paso estaba prohibido, permiten la entrada de gente.

Pero la reconstrucción prometida está lejos de cumplirse y los bonos que se retrasan, la falta de agua potable y los problemas de conectividad son los principales conflictos que persisten en la región afectada por el sismo.

Para el empresario Luis Kriman, de Concepción, el principal obstáculo es la centralización. "Nuestros problemas son decididos en Santiago por personas que ni siquiera conocen la región".

Las casas arrasadas por el maremoto en su mayoría aún no son demolidas y la gente de los campamentos de la VII y VIII Región se queja de lo mismo. "Cuando vino el Presidente, nos prometieron agua caliente. Hoy no tenemos ni agua potable", alega Viviana Méndez, de Dichato. "Nos dejaron abandonados", es una frase que repiten siempre.

La reconstrucción que se hizo en la ciudad corre por cuenta propia. Los habitantes tomaron los materiales y levantaron galpones en vez de los negocios. Otro panorama es el que se ve en los campamentos. Beatriz Merino, de Caleta El Morro, resume un pensamiento que parece generalizado: "De qué reconstrucción habla, si aquí no han reconstruido nada". EL MERCURIO / GDA

Momentos clave

Rescate de los mineros

El mundo entero en vilo

Con la salida de Luis Urzúa, el jefe de turno, culminó el rescate de los 33 mineros que durante 70 días sobrevivieron en el interior de la mina San José. Durante 17 días nadie supo si estaban vivos o muertos y, cuando finalmente los contactaron, sacarlos parecía una misión imposible. Pero el gobierno chileno puso a disposición todos sus recursos y lo logró, ante la mirada atenta del mundo entero.

Elección presidencial

Sebastián Piñera vence a eduardo frei

Sebastián Piñera fue elegido presidente de Chile el 17 de enero de 2010, al ganarle en segunda vuelta electoral al candidato de la Concertación, Eduardo Frei, pese a que este contaba con el apoyo de la popular ex mandataria, Michelle Bachelet. Al asumir la presidencia en marzo de este año, Piñera se convirtió en el primer centroderechista en llegar ocupar La Moneda desde 1958.

 

Fuente: El País Digital
 
Entrevista cargada por Cóppola Alonso, Julio César
 
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